Ardo en deseos de dejarte entrar hasta el fondo. Quiero que irrumpas en mi vida, pero no para mirar lo que hay o lo que hubo, sino para participar, para cambiar, para proponer. Tengo ganas de dártelo todo, mi amor, de abrir todas mis habitaciones, todos mis armarios y baúles. Una vez más, me entrego sin reservarme nada, sin guardar la ropa.
Pero ahora conozco muy bien los riesgos de comportarme así, cariño. Ahora sé lo que me juego en este envite. Eres adorable y, con seguridad, cada vez lo serás más. Cada día me gustarás más, querré más de ti, te daré más, y más, y más... Y es posible que, de nuevo, empiece a diluirme en ti. Por agradarte, por verte feliz, por disfrutar de tu sonrisa, quizá me olvide de mí mismo. No me daré cuenta, creeré siempre que decido yo, sin interferencias, pero estaré perdiendo terreno hacia ti, día tras día, hasta que mi vida sólo sea un eco. Quizá.
Eres fuerte, mucho más que yo. Me gusta tu fortaleza, tu nobleza, tu estilo. Me gustas tanto que quiero gritar. Estoy a punto de dejarte entrar a saco en mi vida, en mi casa. Me asusta, porque me gustarán los cambios que introduzcas, y querré más. Te quiero dentro, te necesito activa, estimulante, viva. Pero si dejo de ser yo, si me mimetizo contigo, terminaré por ahogarme y necesitaré separarme de ti para sobrevivir. No quiero dejar de ser uno porque seamos dos.
Estoy listo.
martes, 8 de febrero de 2011
martes, 25 de enero de 2011
Sinceridad
Todavía tienes la voz alterada por la afonía, pero me gusta oírte. Hoy hemos hablado durante una hora y me hubiera gustado tenerte delante y ver cómo miras, cómo mueves las manos. Me pareces sincera y se nota las ganas enormes que tienes de volver a confiar en un hombre, casi lo estabas implorando.
Hemos hablado de ser sinceros, ser honestos en la manera de mostrarse al otro, de no falsear lo que se siente para parecer mejor. Me gustaría pensar que tú, Reyes, eres Ella. Quiero pensar que realmente deseas tanto como yo amar, quiero creer que serás capaz de dejarme entrar en tu vida, no solo sentarme en tu jardín.
Yo no he tenido problemas para comprometerme. Lo hice con Tana, con Chus, con Paloma. Pero ellas, cada una a su manera, me dejaron en la puerta. El peligro lo veo en las enormes ganas que tenemos ambos de encontrarnos. Podemos desear tanto que el otro sea el esperado que lo idealicemos y perdamos de vista la realidad. Me gustas mucho, Reyes, y espero de todo corazón que aprendamos a querernos.
Hemos hablado de ser sinceros, ser honestos en la manera de mostrarse al otro, de no falsear lo que se siente para parecer mejor. Me gustaría pensar que tú, Reyes, eres Ella. Quiero pensar que realmente deseas tanto como yo amar, quiero creer que serás capaz de dejarme entrar en tu vida, no solo sentarme en tu jardín.
Yo no he tenido problemas para comprometerme. Lo hice con Tana, con Chus, con Paloma. Pero ellas, cada una a su manera, me dejaron en la puerta. El peligro lo veo en las enormes ganas que tenemos ambos de encontrarnos. Podemos desear tanto que el otro sea el esperado que lo idealicemos y perdamos de vista la realidad. Me gustas mucho, Reyes, y espero de todo corazón que aprendamos a querernos.
domingo, 23 de enero de 2011
Inicio
Te conozco hace poco, Reyes, pero ya me gustas mucho. En este blog escribiré lo que quiero que quede por escrito y aún no quiero decirte, tanto por pudor como por discreción.
Te veo como una mujer segura de ti misma, una superwoman que ha tenido que luchar mucho por alcanzar lo que tienes hoy. Pero no veo en ti ese rencor que es tan habitual, sino más bien desconfianza hacia los hombres en general. Me contaste los engaños que habías sufrido y es lógico que te sientas así, pero yo no quiero pagar los platos rotos de otros. Te dije que quizá deberías fijarte más en las acciones y no tanto en las palabras, que lo verdadero está en lo que hacemos. Luego podrás decidir si esos hechos te gustan o te convienen o no, y decidir si quieres aceptarlos o rechazarlos.
Yo quiero ganarme tu confianza, quiero encontrar el camino para conocerte mejor y para que tú me conozcas. Tengo la sensación de que tu entrega al hombre que amas debe ser arrolladora. Pero no será pronto, ni fácil. Lo que he visto en ti me ilusiona, me estimula una vez más. Temo mostrarme tal como soy porque quizá sea demasiada impulsividad para ti. Pero temo también no comportarme de manera natural; ¡tantas otras veces la cagué por actuar según lo creí adecuado!
Te veo como una mujer con un autocontrol muy alto, siempre vigilando lo que haces y como lo haces, siempre exigiéndote lo máximo. Quizá sea bueno para ti, no sé, pero yo abandoné la pretensión de comportarme como se supone que debo hacerlo. Ahora trato de averiguar lo que siento y me dejo llevar por esos sentimientos, me parece lo más honesto hacia mi y hacia los demás.
Cuando estoy harto de estar harto, te dije. Entonces es cuando vuelven las ganas de escribir.
Te veo como una mujer segura de ti misma, una superwoman que ha tenido que luchar mucho por alcanzar lo que tienes hoy. Pero no veo en ti ese rencor que es tan habitual, sino más bien desconfianza hacia los hombres en general. Me contaste los engaños que habías sufrido y es lógico que te sientas así, pero yo no quiero pagar los platos rotos de otros. Te dije que quizá deberías fijarte más en las acciones y no tanto en las palabras, que lo verdadero está en lo que hacemos. Luego podrás decidir si esos hechos te gustan o te convienen o no, y decidir si quieres aceptarlos o rechazarlos.
Yo quiero ganarme tu confianza, quiero encontrar el camino para conocerte mejor y para que tú me conozcas. Tengo la sensación de que tu entrega al hombre que amas debe ser arrolladora. Pero no será pronto, ni fácil. Lo que he visto en ti me ilusiona, me estimula una vez más. Temo mostrarme tal como soy porque quizá sea demasiada impulsividad para ti. Pero temo también no comportarme de manera natural; ¡tantas otras veces la cagué por actuar según lo creí adecuado!
Te veo como una mujer con un autocontrol muy alto, siempre vigilando lo que haces y como lo haces, siempre exigiéndote lo máximo. Quizá sea bueno para ti, no sé, pero yo abandoné la pretensión de comportarme como se supone que debo hacerlo. Ahora trato de averiguar lo que siento y me dejo llevar por esos sentimientos, me parece lo más honesto hacia mi y hacia los demás.
Cuando estoy harto de estar harto, te dije. Entonces es cuando vuelven las ganas de escribir.
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